Como suele ser habitual en el Sant Jordi, largas colas para la entrada, y en el interior un escenario desnudo sin accesorios de ningún tipo con un telón blanco al fondo --como la portada de su último álbum Suck it and See--.
Miles Kane ofrecieron un concierto muy entretenido que gozó de un sonido más que aceptable y divirtieron en los 40 minutos que estuvieron sobre las tablas. En verano volverán en el marco del FIB.
Los británicos Arctic Monkeys iniciaron su concierto con la pegadiza Don't sit down 'cause I've moved your chair, con ese aire western del inicio, para dar paso a la no menos saltarina Teddy Picker.
El centro de atención del grupo es el vocalista y guitarrista Alex Turner --con nuevo look tupeliano--, pero eso no debe menoscabar el trabajo sobrio del resto de componentes, sobre todo de un hiperactivo Matt Helders a la batería.
Una de las mejores partes del show es la central en la que enlazan tres himnos como son la ruidosa Brianstorm, los temas de su primer álbum The view from the afternoon y I bet you look on the dancefloor, con la nueva Library pictures.
Un buen concierto de uno de los mejores grupos surgidos en los últimos años, pero cuya corta duración --una hora y cuarto-- deja un poso de que no hubiera pasado nada por alargarlo tres o cuatro canciones más.

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