Quería hacer una lista de los libros más leídos, pero como no tengo cash --meter palabrejas en inglés siempre mola-- para hacer una encuesta ni una librería para constatar que es lo que más se vende, pensé una nueva técnica: ver qué lee la gente en el Metro.
No será muy científico, pero es un método. Es más, sirve para ver lo que la gente lee, que no es lo mismo que lo que la people --otra-- compra. Será que no hay gente que se compra determinados libros que luego crían polvo en las estanterías.
Entre los libros que he podido ver que se leían en el Metro reinaba --como no-- la trilogía de Stieg Larsson, seguida por Henning Mankell, tanto el nuevo El hombre inquieto como alguna antigua aventura de Wallander, y la serie de vampiros Crepúsculo.
Los gustos de los metreros son variopintos y van desde clásicos como La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, nuevos clásicos como Brooklyn Follies, de Paul Auster, y Me casé con un comunista, de Philip Roth, a bestsellers clásicos como Chaman, de Noah Gordon, y El jardinero constante, de John LeCarré, y otros modernos como El testamento maya, de Steve Alten.
No todo lo que se lee en el Metro es en la lengua de Shakespeare o ABBA, también hay espacio para El amante bilingüe, de Juan Marsé, y La última respuesta, de Àlex Rovira y Francesc Miralles. Al que se puede sumar Les veus del Pamano, de Jaume Cabré.
Una lista heterogénea de novedades y clásicos. Creo que en unos meses repetiré el experimento. Cambiando de tema, ¿alguien entiende por qué la gente forra los libros con papel de periódico?
Novela once, obra dieciocho, Dag Solstad
Hace 1 hora.
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