El Black Album ha cumplido 20 años y Metallica ha decidido continuar la serie de conciertos que celebra la efeméride con la interpretación íntegra de los 12 temas del álbum, algunas prácticamente inéditas en vivo.
El Sonisphere volvió a poner a prueba su resistencia con las 53.000 personas que se congregaron, tras las más de 38.000 del día anterior con Soundgarden. Y es que Metallica es apuesta segura.
Tras la intro de Eacstasy of Gold --una de las más emocionantes--, Metallica atacó una durísima Hit the lights, sin contemplaciones, para dar paso a la siempre inmensa Master of Puppets.
La poco tocada The shortest straw, la celebérrima For whom the bell tolls y la nueva Hell and black cerraron la primera parte del set.
Además de recuperar el Black Album, Metallica también han rescatado el snakepit, un diamante en cuyo interior también hay público.
Un video introductorio del proceso de creación del Black Album, con imágenes en el estudio, de su salida a la venta y de la extensa gira mundial que le siguió, dio inicio al plato fuerte de la noche.
La marcha tamborilera de The struggle within, la exhibición de bajo de My friend of misery y la contundente The god that failed comenzaro la revisión del mítico disco.
La interpretación del álbum con el orden inverso originó que Nothing else matters cayera en la primera mitad del show. La introducción de West side story como base de Don't tread on me fue una de las gratas sorpresas de la noche.
El lirismo de The unforgiven, la robustez de Sad but true y la archiconocida Enter Sandman acabaron el repaso a esta joya de 1991.
El tramo final del concierto constó de Battery, la antibelicista One y el clásico final con Seek and destroy. Un concierto enorme con un, como ya viene siendo habitual, colosal James Hetfield.
La jornada la completaron Slayer, un tanto fríos pero con una selección final de temas para cortar la respiración; los renacidos Fear Factory, que cerraron el festival; los cada vez más populares Mastodon con su The Hunter, y unos contundentes Clutch.


